domingo, 2 de mayo de 2010

CAMINO A UNA NUEVA DECISION.

-Puedo verte después de que te deje en casa. – dijo suavemente
-si claro, déjame dejo el bolso y ya regreso…- dije
-no, espera. Me refiero a escondidas. Que nadie se de cuenta. – dijo en voz baja.
-esta bien. Ven en una hora, yo creo que todos estarán durmiendo cuando llegues.
-esta bien, vendré en una hora. Quiero decirte algo importante.
-bueno, estaré pendiente de tu llegada Armand. – dije saliendo del carro
Apenas cerré la puerta, Armand me dedico una sonrisa y salió rápidamente de mi vista.
Al entrar observe que todos ya estaban durmiendo, menos mi padre que estaba leyendo en la sala.
-hola Papá, ¿no es como muy tarde para que estés leyendo? No es mejor que te vayas a dormir.
-estas no son horas de llegar, tu madre es una alcahueta que deja que tu le pases por encima cuantas veces quieras!!!...
-espérate un momento, yo pedí permiso para salir… lo interrumpí.
-desaparece de mi presencia!!! –dijo viniéndose hacia mi.
Me quede mirándole con ojos de rabia y trate de decirle algo, cuando sentí fue su mano en mi rostro. El lado que había golpeado estaba caliente, no sentía rabia si no frustración. Y Salí corriendo hacia mi habitación.
Me recosté en la puerta, pensando lo que había pasado. No había hecho nada malo, aun. Porque el había reaccionado de esa manera conmigo, yo lo había tratado bien, porque solo me pasaba a mi.
Me recosté en la cama y quede profundamente dormida. Al rato escuche el celular.
-Hola Eli, estoy abajo. – dijo Armand
-lo siento mucho Armand, pero no puedo salir ahora. – dije evitando que me viera golpeada y con la adrenalina al máximo.
-¿paso algo?- dijo curioso
-No, nada. Solo que estoy cansada, mejor porque no nos vemos después.
-esta bien, me llamas cuando te sientas mejor. ¿Vale?
-esta bien, nos vemos.
Tire mi celular a la alfombra y seguí durmiendo.
En la mañana, los rayos del sol entraban por las ranuras de las cortinas, haciendo que quemara mi piel. Me levante y cerré bien las cortinas.
Me acerque al espejo y vi como mi mejilla estaba aun roja, pero estaba inflamada. Vi también que mi lápiz de ojos estaba corrido.
Recogí mi celular del suelo y lo puse encima de mi cama, me quite el vestido y me metí a la bañera. Toque mi mejilla hinchada, dolía mucho. Mire mi reflejo en el agua, me veía mal. ¿Era acaso lo que paso anoche una señal para que me marchara de la casa?
Salí de la bañera y me puse una sudadera y una camiseta blanca y me senté en el borde de mi cama, pensando que iba a decir cuando bajara a desayunar. De repente subí mi rostro y mire fijamente el retrato del “vampiro Vesh” como le puse al cuadro para identificarlo. Sus ojos mostraban soledad y necesitaba compañía.
Eché un poco de maquillaje a mi rostro para que no se notara tan hinchado, tome mi bolso, y baje las escaleras.
Eran las 7.30 de la mañana, todos aun estaban durmiendo. Era domingo, a que se iban a levantar tan temprano. Prepare un chocolate y prepare un sándwich. Cuando termine me dirigí a la sala, tome el periódico que estaba debajo de la puerta y Salí.

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