miércoles, 3 de febrero de 2010

CAMINO HACIA UNA ILUMINADA OSCURIDAD

Caminaba despacio en medio de la gente, veía que había gente compartiendo a pesar de la lluvia, bajo sus sombrillas, brillaban tanto que su luz me derretía. Después de un rato caminando, me percate que estaba oscureciendo, pero no me importaba, solo quería llegar hasta donde mis pies aguantaran, estaba cansada, pero tampoco me importaba. Mis ojos estaban tan hinchados, que escasamente podía ver por donde caminaba. La gente pasaba a mi lado y se quedaba mirándome, pensando porque alguien camina tan despacio, sin sombrilla, bajo la lluvia. Paro la lluvia y mis pies se detuvieron, no sabía donde estaba, pero ya no había mas lagrimas en mi rostro. Me asome el celular y estaba apagado, ya que le había entrado agua. Me asome a mi alrededor y se veían imponentes casas, en si muy majestuosas. Estas casas jamás las había visto, ni en mis sueños más extraños, pero tenía que aceptar que jamás había visto casas como esas. Decidí sumergirme en el conjunto de mansiones, cuando a lo lejos vi la más hermosa, mis ojos se cegaron por su brillo, parecía estar hecha de diamantes.
Decidí acercarme a preguntar, pero me quede con el dedo a 2 centímetros del timbre y pensé “¿solo vengo a esta casa a preguntar donde estoy?, por Dios, van a pensar que soy una ladrona, o algo así” y lentamente aleje mi dedo y me estaba volteando cuando vi que alguien estaba detrás mío.
Un joven de mirada profunda, cabellos dorados y ojos como la luna, una tez tan pálida que parecía mármol, era como una escultura, era realmente bello, no tenia palabras para describir tal hermosura.
-necesitas algo?
-pues venia a… preguntar si por aquí habían taxis o… un teléfono para llamar uno. Creo que estoy extraviada.
-adentro hay un teléfono, si quieres puedes seguirme.- dijo con una dulce voz
Abrió la gran puerta y lo seguí por un pasillo hasta llegar a un lujoso salón, en el salón había cuadros y reliquias hermosas.
-en aquella mesa esta el teléfono, puedes utilizarlo con toda confianza.-dijo dirigiendo su mano hacia la mesa.
Me estaba acercando lentamente, cuando de las escaleras vi bajando a otro joven, de cabellera negra y larga, ojos plata y piel color mármol.
-Armand, ¡que te he dicho!- dijo el joven que bajaba por las escaleras
-Vesh, creo que soy lo suficientemente consiente de lo que hago, además la encontré a la puerta de la casa. Otra cosa, la pobre esta perdida.
-disculpe, señor, no fue mi intención, inmediatamente me retiro.-dije apenada
El joven que bajaba por las escaleras, se puso en frente mío y me miro con extrañeza. Su mirada era como si entrara en mi cabeza.
-¿como te llamas pequeña?- dijo
-mi nombre es Elizabeth.
-Bien Elizabeth, de donde eres?
-vivo en el centro de la ciudad.
- ¿y que estas haciendo por aquí tan sola?
-venia pensando en nada y termine llegando a este conjunto de mansiones.
-esta bien, sabes que estos lugares son muy peligrosos para una chica tan joven como tu?
-es normal, pero pues no quiero incomodarlos mas, es mejor que me retire.
-no, no nos incomodas, pero déjame pedirte un favor. Déjame llevarte a tu casa.- dijo cortes mente
-no, como cree, eso seria…
-un honor. –interrumpió
- Armand!, trae una manta para nuestra visita. No la llevare toda mojada a su hogar.
Armand subió rápidamente las largas escaleras y en un momento ya estaba en frente mío, con una hermosa manta.
-Que grosero de mi parte, no me he presentado. Soy Vesh Morgath, Duque de Los Ángeles. Y el es Armand le Boursier, Duque de Reykjavík.
Armand me dio la manta, era calentita, y olía muy bien. Trate de secarme rápido, no quería hacerlos perder tiempo.
-Gracias, Señor Vesh.- dije tímidamente
-Oh, por favor, no tienes que llamarme señor, dime Vesh y no tienes que agradecerme, es todo un honor atenderte.
-Gracias a los 2, en serio.
-estas lista, es hora de irnos.
Y salió por la puerta principal. Tome la manta y se la di a Armand en las manos.
-gracias por todo Armand.
-vendrás mas de seguido a visitarme?
-pues si me vuelvo a perder en la lluvia y termino acá, no lo dudes?
-si quieres llamas y te iremos a recoger.
-tratare.
Fui saliendo y en frente estaba un lujoso carro, era muy lujoso, tan solo mirarlo, gastaría la pintura.
Cuando íbamos camino a casa, íbamos a toda velocidad, no se como cada vez que pasaba, los semáforos pasaban a verde, pero iba muy rápido. Sentía que todo lo que había dentro de mí estaba igual que pálido que yo, y me hizo recordar la vez que iba con Edward en su auto.
-te ves triste, te pasa algo?
-es que hace ya 7 meses murió mi prometido.- dije tristemente
-y eso, que le paso?
-el iba en carro a su casa, y se estrello en el carro, lo extraño es que cuando lo encontraron, era para que estuviera vivo, pero el asunto era que el no tenia ni una gota de sangre y no se veía señales de haberse desangrado.
El auto freno en seco, el cinturón de seguridad hizo tanta presión, que sentí ahogarme por un instante, y voltee a mirar y Vesh estaba mirando hacia el frente.
-que paso?, porque frenas así!- dije casi ahogada
-No puedo creerlo, necesito hacer algo muy urgente.- y arranco de nuevo a toda velocidad.
Estábamos cerca de mi casa
-déjame por aquí, es a una cuadra
-te voy a dejar en toda tu casa
Llegamos a casa y el se notaba muy extraño
-Estas bien?-pregunte intrigada
-si, no te preocupes. Puedo pedirte otro último favor? –miro mis ojos.
-por favor no vuelvas a mi casa. Es por tu propio bien. -dijo
-esta bien, no te preocupes, tratare de no volver a perderme, lo prometo.
-eso esta mejor.
Baje del auto y seguía hacia la puerta
-Elizabeth, espera!
Voltee a mirar hacia el auto y me acerque a la ventanilla
-cuídate mucho por favor.
-tratare, gracias por todo Vesh.
Me aleje de auto y este salió a toda carrera, perdiéndose en la niebla

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